Merkaba
MERKABA

El término Merkaba procede del hebreo y significa “carro” o “carroza”. En las enseñanzas esotéricas modernas el Merkaba se define como un vehículo interdimensional bajo forma isométrica compuesto por dos tetraedros de energía con un centro común y colocados en sentido inverso, es decir, un tetraedro apunta hacia arriba y el otro hacia abajo.
El investigador Drunvalo Melchizedek, moderno divulgador del Merkaba, describe la figura que forman ambos tetraedros como un tetraedro estrellado, similar a una Estrella de David en tres dimensiones. Hay una dimensión para el campo magnético, otra para el campo eléctrico y otra para el campo físico. La rotación de dos de estos campos en sentido contrario y a gran velocidad configura el vehículo ascensional Merkaba, que se parece a la estructura de una galaxia. Para activar el Merkaba hay que hacer rotar a una velocidad cercana a la de la luz el campo de energía invisible alrededor del cuerpo humano, con su centro en la columna vertebral. Cuando se ha activado es posible llevar la conciencia a dimensiones superiores.
Nuestro cuerpo está rodeado por un campo magnético cuya activación nos permite equilibrar nuestra salud, desarrollar nuestro potencial y crecer espiritualmente conectándonos a nuestro Yo Superior. El misticismo Merkaba nos muestra cómo conseguirlo a través de la limpieza de nuestros campos electromagnéticos.
El concepto de Merkaba como vehículo de ascensión espiritual no es nuevo, sino que se encuentra en las enseñanzas herméticas. La literatura bíblica, apocalíptica y esotérica fue la fuente de conocimiento de los primeros místicos judíos de los siglos I y II de nuestra era. Muchas de las claves del misticismo Merkaba (también escrito Merkabah, Merkava y Merkavah) se encuentran en el Libro de Enoc, las experiencias del profeta Elías conducido al cielo en un carro de fuego guiado por caballos de fuego y, sobre todo, en la visión del Carro de Jehová (Merkaba) de Ezequiel (1:4-26). Los místicos Merkaba intentaron llegar al trono de la Divinidad, es decir, ascender para tener la experiencia de “Aquél que se sienta en el Trono” mediante una serie de meditaciones y rituales que propiciaran su propia ascensión espiritual. Entre ellos figuraban formas internas y externas de contemplación (geometría y textos sagrados incluidos), vaciar la mente y concentrarse en la luz. Esta rica tradición espiritual ha seguido desarrollándose hasta ahora y son muchas las personas interesadas en acceder a ese conocimiento para alcanzar niveles más elevados de conciencia y espiritualidad.
LA VISIÓN DE EZEQUIEL: EL SÉPTIMO CIELO
El profeta Ezequiel tuvo una visión del Carro o Trono-Carroza (Merkaba) junto al río Chebar en el período comprendido entre los años 586 y 536 a.C., según se recoge en el texto bíblico Ezequiel 1:4-26. En esta visión aparecen los siguientes elementos: cuatro criaturas con cuatro cabezas y cuatro alas cada una, así como con pezuñas como las de un becerro, y cuatro ruedas repletas de ojos. El espacio entre los querubines y las ruedas aparece ocupado por carbones ardientes. En la zona superior del carro hay un trono sobre el que se sienta una figura con apariencia humana. Ezequiel está de rodillas viendo el Merkaba rodeado de un remolino de nubes flamígeras. Una mano sale de las nubes y ofrece un pergamino al profeta. Según los místicos Merkaba, las ruedas que sujetan este trono de Dios representan las órbitas de los planetas, mientras que nuestro sistema solar conforma el propio Merkaba o Carro de Dios. De esta visión surgió la conocida expresión “estar en el séptimo cielo” con el sentido expreso de éxtasis.
GEOMETRÍA SAGRADA
Se trata de un campo de energía cristalino integrado por geometrías sagradas que permiten alinear mente, cuerpo y corazón. Este campo electromagnético de geometría sagrada se extiende unos 18 o 20 m alrededor del cuerpo y gira a gran velocidad –se supone que a la de la luz–, pero en la mayoría de las personas se encuentra inactivo por falta de atención y uso, o bien por la existencia de energías que lo bloquean. Sin embargo, el Merkaba puede ser creado o activarse mediante limpiezas y correcciones de los campos electromagnéticos, curación y apertura del corazón y una combinación de respiraciones, mudras y movimientos oculares. Durante el proceso queda restaurado, a la vez que se sanan y equilibran la mente, el espíritu y las emociones.
Tomado de la Revista Más Allá de la Ciencia nº 225, escrito por Isabela Herranz
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